El insomnio me convierte en una cultureta (y en una porreta).

El insomnio me convierte en una cultureta (y en una porreta).

No sería ninguna novedad confesar que he sufrido insomnio desde siempre y que pasarme horas y horas despierta es mi firma de la casa.

Es algo tan mío que le tengo hasta cariño. Es más, no es una idea descabellada incluir esta información en mi tarjeta de visita; en la que bajo una elegante marca de agua, se estampase:

 

“Mala de los Nervios,

Perennemente insomne, y a mucha honra”

 

¡Pues claro que sí! Con honra y sin vergüenza ninguna. Y con buen humor ignoro esos comentarios que circulan por ahí sobre este problemilla tan estigmatizado. Sin duda alguna, mi favorito es aquel que reza así: “La gente que duerme mal es porque no tiene la conciencia limpia”.

¡¡Bravo!! ¡¡Bravo!! ¡Alzo mi mechero encendido para pedir un bis!

Sí, señor; qué cosa preciosa, qué halago, qué comentario tan agradecido. Tiene usted toda la razón y yo misma se lo ratifico: resulta que durante el día apaleo a perros y no me acaba de dejar una buena sensación en el cuerpo. Será por eso que no duermo plácidamente. Gracias, caballero”.

A pesar de todo, esta contrariedad de las noches toledanas me ha traído también mis cosas positivas.

Para empezar, provoca que mi parte intelectual se desarrolle con gran fluidez. Salvo tallar de un mismo bloque de mármol el atlético cuerpo de un lanzador de jabalina , creo que practico las siete artes; incluidas la arquitectura y la pintura. Ahí queda eso.

Por consiguiente, procedo a explicar la sucesión de actividades que acontecen en mi vida a esas horas:

Libro1 en cama > cambio a libro2 > angustia > libro1 en el sofá > angustia > enciendo la tele > zapping > más angustia > película tostón de Kurosawa > no me entero > dolor de vista > apagar la tele > dibujo los planos del Coliseo de Roma > retomar libro2 > angustia > volver a peli de Kurosawa > termino de verla > pinto al óleo Los Girasoles > angustia > vuelvo a cama > comienzo libro3 >

Y AQUÍ HACEMOS UN INCISO:

Ojo al título de este libro número tres: De los nombre de Cristo.

¿Qué? ¿Con ganas de leerlo, eh? ¡No me extraña! ¿Quién no desea sumergirse en el mundo de Fray Luis de León a las cuatro de la mañana? Pues con un poco de curiosidad que se tenga, uno se lanza a empaparse de la prosa religiosa del siglo XVI en la que, a través de un diálogo, nos da cuenta de todos los nombres con los que se designa a Jesucristo en las Sagradas escrituras.

Lo sé. Trepidante.

Total, que ahí estoy yo con Fray Luis, sabiendo que las lecturas aburridas inducen al sueño. No sé quién se ha inventado esa chorrada porque resulta que al final esta obra te engancha porque te lo tomas tan en serio, que ahí estás tú pasando una página tras otra. No das crédito a que algo tan aburrido exista en este mundo, y con la excusa de la curiosidad, venga que sigues y sigues.

En consecuencia, si ni con un fraile entro en un duermevela, ya comenzamos el Plan B, esto es; las drogas (naturales, porque las de farmacia se ve que no me hacen efecto).

Estamos hablando de lo que viene siendo fumarse un porrete.

Amigas y amigos, qué tristeza que me haya estrenado con esta plantita a los cuarenta. ¡Qué juventud perdida! ¡Qué he hecho con mi vida, por dios!

O sea, siendo jovenzuela llevé una vida más ñoña que el propio Fray Luis en su monasterio, y, ¿va a ser que con cuarenta me tienen que explicar cómo se fuma? Patético.

Y eso que cuento con la mejor ayuda, que es el Costillo. Y sabido ya esto, ahora sí que no vais a dudar de mi palabra cuando digo que él es el verdadero hombre del Renacimiento, que lo mismo resuelve un problema de álgebra lineal, que te lía un peta con su papelillo y su filtro y su todo.

Que para eso soy el amor de su vida. Él no prepara un porro con tanta dedicación a cualquier persona. Me siento honrada y por tal causa lo querré por siempre jamás.

Con lo cual, ahí que se pone el hombre, descalzo y en calzoncillos, a preparar el chisme ese mientras me explica sus beneficios poniendo cara de instruido en el asunto; que es su especialidad.

Unos minutos después, ya tengo el petardillo conmigo. Lo malo es que mi Costi ya empieza insistiendo en que tengo que utilizar los pulmones para que entre bien el humo, y yo que digo que eso mismo es lo que estoy haciendo, y él me recrimina que no, que solo lo estoy manteniendo en la boca y expulsándolo; y yo que digo que se equivoca y entonces ACABAMOS DISCUTIENDO.

A todo esto, él fuma para acompañarme, dice. Pero me deja claro que no me apalanque y que rule, que rule.

Me despisto mientras practico lo de las caladas, pues ya sabéis que soy una alumna ejemplar para todo, incluso para ser una chica que vive al margen de la ley. En esto, miro hacia un lado, y ahí está el Costi roncando como un hipopótamo en el sofá. Se ha fundido como el queso, y eso que me daba clases como experto en el tema que era.

Finalmente, el cómputo final se salda con un tío patilargo como un tronco de una secuoya tumbado boca arriba; mientras yo, lo único que consigo es una irritación de garganta tal, que hasta un Strepsils me tengo que tomar.

¡Qué vida más triste!

 

 

4 comentarios

  1. Ay la madre que te *****!!! Pero qué tipo de asociación has hecho entre los petas y mi bella e inocente persona???
    Vale que siendo jovenzuelo tuviese algún desliz, pero estoy casi seguro de que eran de manzanilla, menta poleo como mucho, y de forma completamente pasiva… Vamos que pasaba por allí y algún efluvio me llegó. Pero nada más.
    Y diría que como mucho un par de veces (O por lo menos lo que soy capaz de recordar).
    Lo que pasa es que tengo postureo (a pesar de los calzoncillos) y parece que sé más, pero vaya… Conocimiento justito eh? Ejem, ejem…
    Eso sí, como bien has dicho, elaborados con todo mi cariño y mi generosidad más estupefaciente.

  2. Hola.
    Me ha encantado lo que he leído. Creo que mucha gente se sentirá identificada. Y no te preocupes, te acompaño en lo de nunca haber fumado porros en la juventud.
    Mi enhorabuena.
    Un beso.

    1. Author

      Gracias! Qué chachi que te haya gustado!😊
      Y oye, me reconforta muchísimo saber que no he sido la única pringada en esa etapa que llaman loca juventud. La mía fue un aburrimiento por lo que veo! Jajaja

      Me pondré ahora con 40 a pintar la mona, tranquilos todos.😂
      A seguir leyendo a Mala. Te lo ordeno!😂
      Abrazoooo

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