Ese oscuro e inhóspito lugar

Ese oscuro e inhóspito lugar

Mi madre no me deja en herencia joyas o terrenos edificables, no. Me deja unos ojos más grandes que mi cara a una miopía pegados, por cierto, y un grandioso historial médico familiar en cuanto a cáncer de colon se refiere.

Es por ese motivo que su médico me aconsejó comenzar ya con las pruebas de detección precoz y a ello me puse, de manera que tras un tiempecito de espera, la semana pasada tuvo lugar el gran día de meterme una camarita por ese oscuro e inhóspito lugar, para asegurarnos de que mis cañerías estuviesen limpias y lustrosas.

Eso sí, procedí días antes a la preparación de dicha prueba médica, previo estudio de un documento informativo con más datos que el archivo de la trama Gurtel. En él me explicaban cómo debería ser mi dieta, así como las pautas que tenía que seguir sobre la toma de unos sobres con finalidad cagatoria. Dichos consejos estaban resumidos por puntos, pero mi favorito era una línea en negrita que comunicaba: “En cuanto tome los sobres de dicho preparado, sitúese cerca del cuarto de baño”. Ah, pues muy bien. Les recomendaré también que para el siguiente documento añadan una línea más: “Asegúrese de comprar en el súper un ambientador que disperse aroma a rosa de Bulgaria por todas las estancias de su hogar”.

Porque tela. No sé que guardaba yo ahí dentro, cuando en realidad llevaba tres días a base de infusiones y poco más. Curiosidades del cuerpo humano que prefiero seguir ignorando. Sin mencionar el ruido sinfónico cada vez que iba al baño. Ni el maestro Von Karajan se apañaría con semejante sección de viento y percusión.

Muerta de hambre y sin poder beber, se sumaba un nuevo agravante: la señorita Menstruación decidió pasarme visita justo el día antes de la famosa endoscopia. Qué bien, justo esos días en los que estás (más) irascible y (más) decaída resulta que no me podía tomar ni una onza de chocolate para apaciguar el descontento de la situación. Sin mencionar que, exceptuando el de la boca, tenía todos los agujeros de mi cuerpo trabajando a tiempo completo. ¿No es maravilloso?

Dada esta situación, el día de la prueba llamé al hospital a primera hora para cerciorarme de que la prueba seguiría adelante pese a la compañía de la señorita de rojo, la cual en la tele siempre aparece preguntándose a qué huelen las nubes, la muy cursi. Mira, guapa, las nubes no lo sé, pero lo que son mis bajos no pasan por su mejor nivel olfativo.

Total, que llamé al número de contacto que salía en el famoso documento informativo, solo que como siempre, me enrollé un poquillo:

Hola. Me llamo Mala y…bueno…verá…yo tenía programada una colonoscopia para hoy, pero resulta que ayer me vino la regla y yo no sé si puedo hacérmela igualmente, aunque digo yo que son dos sistemas del cuerpo humano distintos, ¿no? O por lo menos era así cuando estudiaba en EGB, aunque luego con lo de la Logse puede que haya cambiado, vaya….Pues eso, que me gustaría saber si hay algún problema.

– PUES VERÁ USTED, YO NO LE PUEDO RESPONDER A ESO PORQUE SOY UN SIMPLE ADMINISTRATIVO. LE PASO LA EXTENSIÓN TELEFÓNICA Y SE LO COMENTA AL PERSONAL SANITARIO.

:::::::::Tierra trágame::::::::

Lo cierto es que después de que los profesionales adecuados me aseguraran de que no había problema alguno, me tomé mi ducha matutina pero no como algo rutinario, sino como LA DUCHA POR EXCELENCIA. Bajo esa alcachofa de agua caliente iban a acontecer varias actividades que tendrían que ser ejecutadas con total perfección; a saber: depilación y una impoluta higiene.

Comencemos, pues, explicando que yo, de manera consciente y premeditada, había dejado crecer todos los pelos de mi cuerpo hasta el gran día, puesto que ya me dirás tú, qué bobada es esa de depilarse un viernes si el lunes te vas a volver a depilar. Lo siento, pero mi Costillo y yo sabemos que eso en mi mundo no existe.

Así que comencé a pasarme la cuchilla por aquellas piernas dignas de un oso grizzly, si bien a medida que iba subiendo hasta las zonas erótico-festivas, una duda percorría toda mi masa encefálica, que era la siguiente:

Cuando te vas a depilar para una colonoscopia, ¿EN QUÉ PARTE DEL CUERPO DEJAS DE DEPILARTE? Porque vamos a ver, empiezas por pantorrillas, muslos, ingles….y…. ¿dónde acabas?

Pues hija, ¡donde el ojete!, como todo hijo de vecino. Y así es, queridas y queridos; fui con mi resplandeciente agujerito que daba gloria.

Prosigamos. A continuación, llegué al hospital acompañada de mi inseparable Costi porque, tal y como me habían advertido, debía llevar acompañante, y en menos que canta un gallo las enfermeras me preparan para el momento.

Entre nerviosa y algo asustada me recostaron en la camilla en donde empezaron a ponerme cablecitos para monotorizarme, a la vez que me dijeron: “Ahora te vamos a sedar y ya verás, no te vas a enterar de nada”. Pues menos mal que me aclararon lo de las drogas, porque lo que es estar, estaba igual que siempre.

No solo no me quedé dormida, sino que justo enfrente veía las imágenes del interior de mis tripitas en vivo y en directo. Pobres ingenuos, no saben que cuando estoy nerviosa lo único que hago es decir bobadas: “Ualaaaaa, ¿y eso qué es??? Puaaajj, qué ascazooo”. En fin, si pensaron que era un poco idiota, no los culpo.

Ya en la sala de reanimación, el Costi y el médico cuchichearon a mis espaldas. Qué mal rollo. En ese momento deduje que estaba en fase terminal, por lo menos.

Pero como siempre, estaba equivocada.

¡Queda Mala para rato!

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