La choni que llevo dentro

La choni que llevo dentro

Mala de los Nervios choniNo sé por qué, pero hay cosas en la vida que siempre le ocurren a todo el mundo menos a ti. A saber: nunca te toca la cesta de navidad del súper, nunca consigues la mega ganga de la que te puedas chulear, nunca tienes un hijo feo y; nunca, JAMÁS DE LOS JAMASES, eres ni serás una choni.

De hecho, según tu criterio, tienes más posibilidades de que tu jefe te ordene ir a su despacho para alabar tu trabajo, que de ser una choni. Porque, ¿choni, tú? Ay…jeje…como que te da una risa floja y condescendiente tan solo de pensarlo. ¡Pero si tú eres el colmo del saber estar!, de la educación, de los buenos modales; y además, tienes el armario lleno de piezas estilosísimas (hechas por un pakistaní esclavizado que cobra diez euros al mes), las cuales combinas con un refinado gusto y un je ne sais quoi que nadie más posee en el universo.

De forma que, ante esta tesitura, solo nos queda considerar que el chonismo y tú sois dos términos antagónicos. Incluso, ahora que lo ves por escrito, piensas que ni siquiera deberían ir juntos en una misma oración. ¡Faltaría más!

Pero hete aquí que, recientemente, han asomado en tu vida ciertos indicios que, si bien no son del todo alarmantes, sí que se podrían considerar el origen de esa pequeña chonaca que llevas en tu interior. Puede que esté escondida justo detrás de la vesícula biliar, por ejemplo; toda encogidita la criatura y sin saber cuándo podrá salir de su suplicio. Menos mal que la chiquilla ya le tiene tomada la medida a Mala de los Nervios, y está al loro de que en cuanto la tía se pone un poco nerviosita….¡¡olee!!…puede dejar de ser furtiva por un ratillo. Así que la pobre cuando sale, se desfoga de lo lindo.

Un momento, hum….espérate, espérate…ay ay ayyyyyy….

¿¿¿Y no será que soy una chonarda de mucho cuidado??? Señor, se me derrite la córnea tan solo al ver estas palabras. Pero a ver, que aquí hay que aclararse pero ya. ¿Y si por dentro soy una Mari Jessy, que tiene un novio que se llama el Jonathan, que se descargan las canciones de Pitbull y se van a morrear a una esquina del polígono? ¿Y si mi Jonathan tiene una pegatina tope guapa en el coche que pone “El Jonny y su chati”?

Uf uffffff….¡¡¡¡¡¡que me está entrando una taquicardiaaaaa!!!!!! Madre de dios, madre de diosss; que estoy atando cabos y puede que:

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡SEA UNA CHONI!!!!!!!!!

Bueno, primero de todo, tranquilicémonos. A ver, Mala, hija; que tú puedes con esto y mucho más.

¿Cuáles eran esos indicios que te hacían pensar que eres un choni/cani/chori? Pues no sé, vamos, lo que le puede suceder a todo el mundo en su vida cotidiana. Nada como para alarmarse, como que por ejemplo, tienes una cita con tu psicólogo, el Doctor C. ( que ya ha salido por AQUI unas cuantas veces); y en plena consulta empiezas a gesticular como una colaboradora del Sálvame, aderezando la situación (como si ya no estuviera suficientemente adornada); con palabras finísimas y de muy buen gusto -léase con cierto matiz irónico-, que están muy bien para cuando vas al bar a tomarte un Sol y sombra, pero no en tu cita con el médico.

A partir de ese momento, empiezas a encontrar más pistas sobre el asunto. Qué te digo yo, como que sueltas tacos todo el día, eres más basta que unas bragas de esparto al hablar con tus amigas y, atención: cuando estás depre te encanta llevar todo el joyerío que tienes en casa. Sí; a la misma vez. Sí; en un mismo cuerpo, -o-sea-el-mío. Y sí; piensas: “pues no sé qué dicen los del Vogue, porque Elizabeth Taylor iba toda enjoyada y fue un icono”. Pero el problema es que más bien te pareces a Sara Montiel en su época de capa caída, y eso sí que duele más que parecer la Jenny en una exhibición de coches tunning.

Total, que ahí vas tú como un árbol de navidad, colgándote encima todo lo que encuentras de por medio: pendientes, pulseras, anillos, relojes, blusas con chorreras, perfume como para que te denuncien los de Greenpace, morros pintados y un largo etcétera. ¡Y tan a gusto me quedo!

Venga, ¿ya estáis contentos, no? Ya estoy ahora mismo con el chonismo subido, gritando como una posesa mientras se escucha de fondo el clin clin clin de mis pulseras. Y mientras mastico el chicle con la boca abierta y hago globitos a diestro y siniestro, la verdad es que ya estoy echando de menos a la verdadera Mala de los Nervios.

Porque os comunico que a Mala le gusta leer a Unamuno, ver pelis de Billy Wilder y escuchar a Leonard Cohen, peeeeerooooo…siempre habrá un huequito en su corazón para Mari Jenny. Y es que no me digáis lo contrario, ¿no os aburren los mega-finolis? ¡Qué gente más pedorril!

Así que, ¡¡pedorros del mundo, chonificaos un poco!!

Comparte, porfisss
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInPin on Pinterest

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *