La insoportable pesadez del no-ser (quien tú quieres ser)

La insoportable pesadez del no-ser (quien tú quieres ser)

mala en su mundoPobre Milan Kundera.

Habrán hecho unas quinientas mil versiones del título de su célebre novela. Lo habrán reinterpretado incluso los redactores de la revista Hobbyconsolas, referencia de lectura de toda una generación.

Desde luego, yo no voy a ser menos, así que con camuflada vanidad, aquí os traigo mi visión personal de este encabezamiento literario ya mítico.

Comencemos pues.

El ser. ¡Qué sustantivo tan abstracto y metafísico! Anda que no he estudiado yo aquellos apuntes de filosofía que venían diciendo algo así como “EL SER ES Y EL NO-SER NO ES”. Y tan panchos se quedaban aquellos tíos que iban en túnicas diciendo estas chorradas.

Ontología, dicen que se llama la rama que se dedica al estudio del ser. Y ojo, meritazo el mío, ya que esto lo afirmo sin haberlo verficado en Google, que para eso una se ha pasado la vida estudiando todo lo que se le ponía por delante. Si es que valgo un potosí, aunque yo me considere una caca de perro plantada en medio de la acera.

Pues a lo que estábamos, que resulta que aquellos lumbreras griegos me contaban que el ser es lo que es. Hala, pues muy bien, caballero. Me ha facilitado la vida enormemente. Es más, no sé qué hacía antes sin esta fuente de concimiento tan exhaustiva y pormenorizada.

Menos mal que aquí he llegado yo, que voy a proporcionar a los expertos ontológicos un nuevo concepto hasta ahora no investigado en la medida que se merece:

 

“EL SER ES, PERO NORMALMENTE QUIERES SER OTRO “

 

¿Cómo se han quedado, señores filósofos? Boquiabiertos, me temo.

En efecto, tú, lo que es “ser”, pues eres, a ver cómo lo niego yo. Pero no sé por qué extraña alineación planetaria, no te complacen demasiado algunos de tus detallitos; por lo que empiezas a plantearte que igual te gustaría tener la tranquilidad de fulanito, la inteligencia de zutanita y, ya que estamos, el pelazo de menganita.

Es el momento en que te pones a desentramar la idea-origen de todo este descontento. Con lo cual, te adentras en unos episodios súper personales e intimistas que te dejan con cara de panoli, mirando al horizonte (que no existe, por cierto, ya que estás en un bar con unos amigos, por ejemplo).

Entonces ahí estás tú, con los ojos abiertos como platos, con la mirada perdida; que cuando alguien se da cuenta, no sabe si hablarte o llevarte a un manicomio sin más. Y en realidad lo único que estás haciendo es preguntándote por qué tú tienes esa congoja en el pecho, mientras que el tipo de al lado se está tomando un cubata tan ricamente. (Inciso: si usted ha nacido a partir de 1990 cambie cubata por gintonic).

Evidentemente, ya entras en un triple tirabuzón sin fin en el que te das cuenta de que no te gusta nada obsesionarte con todo, agobiarte por lo que sea, que te duela el pecho, que duermas mal, que seas la más fea del universo, que tengas celulitis, y, sobre todo, que te quede el pelo impresionantemente espectacular justo un domingo que llueve y no vas a salir de casa en todo el día.

¿Por qué?, oh, dioses del firmamento, ¿por qué os cebáis con esta pobre alma cándida?

El triple bucle trascendental contigo misma no se acaba ahí, ¡claro que no! A continuación, es el turno de imaginarse cómo sería mi vida si tuviese un poquito de confianza en mí. Y justo en ese momento, delante de tus ojos pasa un ser mágico soltando purpurina y confeti mientras camina sobre una alfombra de dulces pétalos de rosas. Así es cómo me imagino mi vida si me quisiera un poquito más: como estar en Marina D’or (Ciudad de vacaciones)

Un segundo más tarde, despiertas de tu ensimismamiento y te resitúas. Perfecto, estás en un bar, con unos amigos y tontamente se te da por contemplar la gestualidad de una de esas personitas que tanto aprecias y que tanto conoces.

Sabes, de hecho, cuáles son sus miedos y cuáles son sus complejos e inseguridades. Sin embargo, este ser, “ES”. No es posible en este caso ser un NO-SER, porque es capaz de vivir con sus defectos. Le atormentarán en unas ocasiones, pero podrá desconectar de ellos en otras. ¿Y sabéis por qué? Porque vive con aquello que le disgusta un poco, pero también lo hace con sus estupendas virtudes que le hacen sentir bien, a gusto.

Si viniese el mismísimo Parménides a echarme un vistazo, tendría que hacer otro libro sobre su rollazo de “El ser es; el no-ser, no es”. Madre mía, infortunado él. No sé de qué manera este pobre hombre podría llegar a convencerme de que es posible vivir reduciendo un poco las expectativas sobre una misma.

Tendría que escribir una colección de libros, y no sé cómo se lo tomaría la editorial de la Antigua Grecia, porque los escribas ya no darían abasto y tendrían que conquistar otros territorios para encontrar mano de obra más barata. Vamos, que metería a este hombre en un berenjenal tremendo.

No se lo merecería, no. Será mejor que me acepte de una vez por todas.

¡Lo que hay que hacer por los filósofos!

7 comentarios

  1. Pues no sé para qué quieres ser otro o otra la verdad, porque tú lo que se dice ser, eres fantabulosa.

  2. Siendo tú, no podrías ser nada mejor por mucho que te lo propusieras! Qué íbamos a hacer sin nuestro alma de las fiestas, reuniones y quedadas! Eres lo más y no me cansaré de repetírtelo. No hay más que leerte para darse cuenta😙

    1. Pues ser eres uno de mis seres preferidos. Un besazo amore con ganas de verte!!!

    2. Author

      Definitivamente me queréis matar! 😍
      Morir de amor, qué dulce final de este largo camino que es la vida!!😂😁

      Muchas gracias, no puedo decir otra cosa.😘😘

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