La primavera: el timo del siglo

La primavera: el timo del siglo

Primvera bizonaLa primavera es una estafa como una catedral, vamos.

¿Qué es lo que te venden? Tías megafelices con sus vestidos de flores, niños haciendo la croqueta ladera abajo sobre verdes prados, una cena en la terraza de un ático de lujo o en un local playero finolis, de esos estilo ibicenco, que ahora se llaman de todo menos “chiringuito”. A saber: lounge, cool bar&beers, chillout coffee….¿pero qué chorradas son esas?

En la vida normal, la verdad es que pareces un poco imbécil hablando así:

– Hola Menchu, ¿qué tal la salida de ayer?

– Fenomenal. Primero fuimos al lounge bar, después a una terraza chill out y por último a un wine&beers genial. Pero como la fiestuqui se alargó hasta la mañana siguiente, entramos en un brunch y nos comimos unos pancakes buenísimos.

Y así es esta estación según algunos: un universo paralelo en el que yo no habito, puesto que en mi caso, cualquier día primaveral consiste en que, para empezar, no sabes qué vestirte; y es que pongas lo que te pongas, vas a asarte como un cochinillo o a tiritar de frío. Porque en mis primaveras, a las siete y media de la mañana hay cuatro grados centígrados, a las tres de la tarde subimos a veintiséis y ya hacia las nueve de la noche bajamos a nueve. A ver quién tiene narices de diseñar un modelito que cubra todas estas necesidades sin parecer un bazar ambulante, claro. Nadie.

Consecuentemente, al mediodía llevas en el brazo la bufanda que ahora te sobra, el paraguas del porsiacaso, la mochila del trabajo, el bolso con tus cosas, la botella de agua que te acabas de comprar y el abrigo que parece que vienes de Baqueira-Beret. Total, que vas a casa y te pones algo más primaveral como una camisetita de manga francesa de algodón y tu queridísima chupa de cuero, que no abriga un pimiento pero molona vas un rato.

Vuelves a salir para coger el autobús y piensas: “oye, qué a gustito con el cambio de vestuario”. Lástima que no coincidirá con lo que vuelvas a pensar al salir a las ocho y media: “¡coñiiooo qué rasca hace!, y yo con esta camisetita de algodón. Daba un brazo por mi bufamanta de esta mañana”. Encima, te viene a recoger el Costillo para ir a tomar algo antes de irnos para casa. “¿¿¿¿Quééééé????? ¡Yo me voy a mi dulce hogar para prepararme mi bolsita de agua caliente!” Sobra comentar que mantengo una estrecha relación con este objeto que me da tanto placer sensorial  y que, generosamente, no me pide nada a cambio. Pese a que soy una quejica, a veces soy feliz con muy poco.

O sea, que el tema vestuario primaveral es un rollazo en sí mismo, porque por si mi drama no fuera poco, la gente se pitorrea de mí por ser tan friolera. Recuerdo el año pasado a finales de abril o principios de mayo, con la típica semana de cielo azul en plan anuncio de Vernel, varias compañeras lo dieron todo apareciendo con sus blusas de gasa e incluso…¡¡sandalias!! y de repente me planto yo a las nueve de la mañana con mi abriguito y mi bufandita de punto subida hasta el bigotillo. Jobá, chico, ¡ni que fuera una extraterrestre! A ver, QUE TENGO FRÍO, NO LA PESTE. Te puedes acercar a mí y todo, que no contagio. ¡Qué pesadez con el temita!

Por otra parte, si yo ya soy una idiota por defecto, os juro que en primavera me luzco pero bien. La astenia primaveral me deja atontada unas semanitas y lo paso fatal. Agréguele usted los efectos de ciertas pastillitas para los nervios (como decían las abuelas) y ya es el acabóse. Por ejemplo, ir por la calle y en vez de decir “hola” a un vecino, le digo “gracias”, así sin venir a cuento. O quedarme casi dormida en la cola de la frutería, ¡cayéndome hacia un lado que parece que voy media fumada!

Y pensaréis, “pero al menos a Mala le disminuirá la ansiedad”.

Ay…qué ternurilla me dais, pobres angelicos míos. Nunca perdáis esa hermosa inocencia.

Pues no. Mi amiga Ansi está ahí siempre, porque es una chica fiel y leal. Aunque bien es cierto que últimamente estaba hartita de ella, y la muchacha pues tonta no es, así que se ha buscado otras compañías. Lo peor de todo es que quiere montar una chupi-pandi y si se pasa a verme trae a sus nuevos coleguitas, que a mí no es que me importe. Bueno, sí. Uno es Nito, del cual ya os hablé; que era un tío que salía mogollón por la noche y se metía con pardillas como yo, y el otro es Ñazo, y a este sí que no lo aguanto. Como va de tío malote prefiere que lo llamemos así, aunque estuvo conmigo en el insti y os puedo asegurar que se llama Sueñazo, y su primer apellido es Diurno. Yo, allá ella, pero las amistades que se trae Ansi no me molan ni un pelo.

Lo peor es que a veces los tengo que aguantar a los tres. Y soportar a Ansi y a Ñazo al mismo tiempo, no es tarea fácil. Recordemos además que mi astenia primaveral me hace parecer media lerda, así que si quiero llamarlos “¡imbéciles!”, lo mismo me sale un “Flores de Lis, venid a mí”. No me extrañaría nada. Os juro que estoy muy rara.

En resumen, que la primavera es un invento del diablo. Es una época hecha para fastidiarte la vida. Ves por la ventana y hace buenísimo. Te duchas rápido, te pones mona y cuando te estás calzando, empieza a caer una tormenta de granizo con rayos y truenos, que no te queda otro remedio que decir: YA ES PRIMAVERA EN EL BLOG DE MALA DE LOS NERVIOS.

2 comentarios

  1. La realidad no se podía haber descrito mejor ni con más humor! Una maravilla poder leerte, y un gran entretenimiento como siempre! Bravo!

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