Las aficiones (II Parte): más que un riñón

Las aficiones (II Parte): más que un riñón

Mala en chándal

 

Visto que lo de buscar un lindo, apacible y relajante pasatiempo es una ardua tarea para todos (compruébese que no exagero aquí), he decidido narrar la segunda parte; esta vez en versión montaje de la directora, sin cortes y con contenido extra solo para coleccionistas. Más que nada para que cuando lo saquen al mercado en versión Blue-Ray, puedan poner en la carátula de la cajita “Edición Deluxe”, que eso viste mucho para regalarlo. Además, yo no me merezco estar en la estantería de saldos con la pegatina de 5’90 € , entre la segunda temporada de Farmacia de Guardia y el dvd Zumba: adelgaza bailando.

De este modo, trataremos sin tapujos ni censuras este temita que nos tiene a todos un poco alelados. Porque hay que ver la naturalidad que le ponemos al hablar de nuestros hobbies, siempre que, ¡¡OJO!!, estos sean la súper repera que te mueres; porque de lo contrario ya ni se saca la cuestión a relucir.

Es más, en caso de que tu afición sea ver tus antiguas pelis grabadas en cintas de vídeo VHS (que las grababas de la tele, y que tenías que estar con el mando en plan ojo avizor porque en cualquier momento te ponían los anuncios y había que darle al pause), pues te da un corte tremendo comentarlo justo después de que menganito haya dicho que está haciendo un curso de fotografía paisajística con la ayuda de drones. ¿¿¿¿Qué???? No sé de que va eso, pero seguro que cuesta más que la cinta TDK de noventa minutos. ¡Y qué felicidad me aportaba!

Total, que en realidad lo estupendo es el POSTUREO. Y esto sí que es el júbilo absoluto.

Y el postureo conlleva gastarse mogollón de pasta, al menos en un principio. Bueno, no; retiremos lo de “en un principio”, ya que de ahí no vas a pasar. No llegarás nunca al final y ni siquiera a la mitad. Pero la emoción de empezar algo nuevo no te la van a quitar. Así que pongamos que nos apuntamos a un curso de fotografía; qué alegría, qué alboroto. Te vas a comprar una cámara, la cual llevarla simplemente colgada del cuello te hace sentir como un enviado especial de las noticias.

Por lo tanto, ahí que la estás eligiendo y…madre de diossss…hay que ser ingeniero aeroespacial para descifrar los cartelitos con las características. Que si “sensor CMOS de formato completo”, que si  “AF de 11 puntos con sensibilidad hasta -3 EV”….que hasta piensas que está escrito en hebreo o algo. Pero como previamente has leído en tres decenas de foros sobre fotografía, pones cara de que es una información casi cotidiana para ti, y claro, ya que estamos, no nos vamos a comprar la gama de principiantes. A ver, que esa está muy bien para aquellos que, bueno, le van a hacer fotos a su gato o a un atardecer de su pueblo, pero tú tienes una sensibilidad especial (que nadie percibe, por cierto) y te subes al rango medio-alto de cámaras. Si es que por un poco más, vas a tener mogollón de prestaciones y botoncitos que estén a la altura de tus dotes artísticas.

Pero al grano, resultado final de este curso fotográfico: asistencia únicamente durante mes y medio, en el que aprendiste a hacer fotos en modo automático, que son más que suficientes para sacar a tu madre mientras sopla las velas de la tarta, a la par que el retrato de tu gato, al que le has puesto tus gafas de sol y sale súper simpático. Todo ello al módico precio de mil seiscientos setenta euros. Pero, ¿y lo molona que estás con la cámara al cuello, qué? Y lo más patético de todo es que te haces un selfie CON EL MÓVIL en el que sales con la cámara,  con una mano ajustando el objetivo, mientras guiñas un ojo para enfocar bien en plan reportero de guerra. Con un bonito fondo de tu dormitorio, por ejemplo, y encima, con la cama sin hacer.

Sin embargo, hay otros pasatiempos pensados para sentirte bien con tu cuerpo, con tu mente, con tu bienestar. O sea, bien con todo, excepto con tu billetera. Y para nada habrías tú pensado en eso, porque para salir a correr no necesitabas más que unas deportivas. Hasta que quedas con tus dos amigas que traen acopladas a unas compis de trabajo, armadas hasta los dientes de logos, aparatitos electrónicos y una coleta en el pelo hecha en la peluquería; y que a mí no me digan lo contrario.

No te queda más remedio entonces que echarte un vistazo de arriba abajo. Una camiseta XXL de Ron Negrita (que te la dieron en un garito en la cena de navidad del curro), unos pantalones chándal de Nike (ojo, ¿eh?, que se vea que tienes nivel) y unas zapatillas con la suela tan gastada que si llueve, mal asunto.

Solo habéis hecho un tramo de 250 metros, pero suficientes para que te sientas como si hubieses subido al Everest, y hubieses bajado la rampa de tu autoestima.

Así que te vas a comprar unas mallas chulis, un calzado a la última de runners y un top de licra para el que, antes de salir a correr, tienes que hacerte dos semanas de abdominales. Todo muy lógico. Súmele usted la facilidad que tiene una para ir de compras y decidirse, sin que aparezca la pesada de Ansi (que ya os la he presentado)  y ya tenemos un hobby muy completo y muy “cardio”. Y tan “cardio”, porque con tanta angustia el corazón te anda a mil y te va a dar algo.

Pues venga que allí te plantas,  que ya pareces la deportista de las Spice Girls, porque a postureo a ti no te va a ganar nadie. En lo demás, sí. Siempre quedas la última, te descuelgas de la Tête de la course, como ponían en el Tour y el resto del trecho te lo haces caminando.

¡Con lo bien que estarías en casa viendo por enésima vez Cuatro bodas y un funeral en tu cinta VHS!

4 comentarios

  1. Jajajajaja… estoy de acuerdo contigo los hobbies no pueden estresarte, agotarte fisicamente, o hundir la economía familiar jajajaja…

    El mejor hobby que descubrí (sobretodo en invierno) es tumbarte en el sofá, tapadita con la manta y amarrada a la bolsa de goma rellena de agua caliente (yo la llamo mi “amante”) y ver series en la que salen tíos buenos jajajaja….
    y luego las comentas con tus amigas.
    Con sólo persarlo ya estoy relajada… jajajajaja…

    MI último descubrimiento: GRANTCHESTER el prota está buenísimo.

    1. Author

      Yo es que con la bolsa de agua caliente lo arreglo todo, desde las cervicales hasta la depre.
      Te mima, te da calorcito…. y encima no te tienes que depilar porque ya hay confianza.
      Y las series con un buenorro, creas o no, ganan mucho. Sin un tío bueno yo ya paso de ver nada. jajajaja
      Me he vuelto así de exigente! ):

  2. Jajaja muy bueno! es q lo de las cámaras es la pura realidad vamos. Hoy en día comprar cualquier aparatejo es un show. Ni los de la NASA acaban controlando tanto de features con siglas raras y cifras como los pobres compradores q ansiosos de tener todo a la última (cosa q debe de durar como mucho dos semanas) casi casi se hacen un máster en especificaciones y características raras. Quién fuera de los q no le dan vueltas y se lanzan a comprar a lo loco y q sea lo q dios quiera… Cuánto trabajito y rompedero de cabeza nos ahorraríamos!

    1. Author

      ¿A que sí?
      ¿Qué hacían entonces nuestros padres cuando se compraban la primera tele en color? Que costaba aquello tres sueldos por lo menos!!
      Pues iban a la tienda de electrodométicos del pueblo y elegían la que les aconsejaba el señor. Y LISTO 🙂
      Y muy buen consejero, por cierto, ¡que aquellas teles eran más longevas que un loro!

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