Me niego a vestir de uniforme

Me niego a vestir de uniforme

perroflautaAhora que estamos saturados de campañas políticas, mitings, carteles pegados en muros y sobres que empachan el buzón de casa; y venga promesas, y venga debates, y venga atriles y besos a bebés como si fueran vírgenes sanadoras, y apretones de manos más falsos que una peseta veo, sobre todo, MUCHO UNIFORME.

Qué pereza. Pensé que habíamos mejorado algo al respecto, pero me temo que no; básicamente porque yo también sufro en mis carnes el síndrome del uniforme. Yo y todo el mundo, que en eso y en casi todo lo demás tampoco soy nada especial.

Centrémonos entonces.

Resulta que en este país siempre ha funcionado lo de tener que vestir así o asá según el partido al que votes. Por supuesto, es extensible al peinado e incluso a los pendientes, puesto que ya sabéis que si llevas pendiente de perla eres una pepera, pero si llevas pendiente y ERES UN TÍO, resulta que eres superprogre y parece que acabas de llegar con tu ONG que colabora en Palestina. Y todo gracias a un pendiente.

Con lo cual, ¿somos idiotas o qué nos pasa? Menos mal que para desmontar esta estupidez me serviré de uno de los muchos conocimientos que tengo a mi disposición en tanto que persona culta y sabia. Ni más ni menos que rememoraré la lógica aristotélica que valía para, aparte de suspenderla y cagarte en aquellos ejercicios en tercero de BUP, para argumentar ciertos enunciados.

De este modo, recurriré al célebre Modus Tollens de Aristóteles, versionado como me conviene para ratificar mi hipótesis:

P→Q
⌉Q
_____
⌉P

O sea, P implica Q, y tengo NO Q; entonces tendré NO P.

Madre del amor hermoso, si es que soy una eminencia, para qué negarlo; así que, tranquilo, pueblo llano; como me imagino que no llegáis a mi alta capacidad de astucia, os explicaré con mucho gusto y en detalle esta teoría (que no es mía, ¿eh?, que es de un señor griego que se vestía con una sábana). Para ello, acudamos al citado ejemplo del hombre con pendiente:

“Soy progre (P),  por eso me pongo un pendiente (Q), pero si no me pongo un pendiente (NO Q) significa que no soy progre (NO P)”.

Logiquísimo, Aristóteles, vamos a ver, que el churro ese de letritas que te has inventado asegura que los hombres que no llevan pendiente no son progres. Pues te informo que pueden ser tan de izquierdas y progres como los que llevan un joyón de un jeque árabe colgado del lóbulo. Y ojo, los de izquierdas, también podemos darnos mechas rubias en el pelo y no ser del PP. Qué culpa tengo, Aristóteles, si de pequeña era rubísima y ahora me he quedado en castaña.

Mira, Aristóteles, siempre has sido un rollo, y ahora resulta que vas de uniformado por la vida. Además, me hacías suspender con esa castaña de fórmula que no tiene sentido ninguno. Ah, y por cierto, esa túnica te hace gordo, que pareces Demi Roussos.

De todos modos, pongamos que el aspecto tiene un gran poder informador , aunque enseguida añado que también engañador. Por ejemplo, para empezar, dado que vengo de una familia comprometida, de gran conciencia colectiva y experta en manifas y en huelgas, se supone que yo tendría que ir vestida de colores desteñidos y balancear el diábolo en los semáforos de mi pueblo cuando se pone en rojo, y tocar la flautilla mientras está en verde.

Ni hablar. Me niego rotundamente. Y me opongo a todos esos ignorantes que piensan que los que tenemos más de unas bragas limpias somos unos progres de pacotilla. Pues verá usted, señor facha, si yo tuviera solo unas bragas seguría siendo de izquierdas solo que un poco más puerca. Tendré que tener otras mientras lavo las anteriores, ¿no? Y por supuesto, puedo tener las que quiera. Incluso unas de diamantes para ir a la recepción del Barón de Ajoblanco si me da la gana.

Vamos, hombre; que me ha entrado ya un mosqueo fino, fino. ¡Con lo que me gustan a mí mis blusas con lazos y mi labio colorao!

Y prosigo: que a ver si los de clase obrera con comer dos veces al día y vivir bajo un techo ya vamos de sobra. Que ir más allá es contradecirse con nuestras ideas, dicen. Ay….madre míaaa, ¡cuánta ignorancia! Es por eso que a todo cerebro privilegiado que piense así, que sé que son legión, los remito a leer alguna de las entrevistas de la gran, la maravillosa escritora y pedagoga Josefina Aldecoa.

Esta señora cultivada, antifranquista y con un compromiso total con los derechos civiles en una época muy negra de este país; defendió a muerte una enseñanza moderna y progresista; laica, con amor hacia las artes y humanidades. Y lo hizo creando un colegio que acogía estos valores, muy similares a los de la Institución de Libre Enseñanza de la Segunda República.

El gravísimo delito que cometió la pobre Josefina fue vestirse elegante como nadie, con sus chaquetas compradas en París y sus trajes de refinados modistos. La criticaron por ello toda su vida, a lo que ella respondía que no tenía ninguna necesidad de vestirse como una indigente, puesto que, afortunadamente tenía la suerte de no serlo. Punto.

Por eso yo soy muy aldecoana. Venga, anímate a ser un poco Josefina.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *