Por supuesto que iré a votar de nuevo

Por supuesto que iré a votar de nuevo

En unos días tenemos comicios otra vez y, con ellos, la negativa de numerosos ciudadanos y ciudadanas de acudir a los colegios electorales; cosa que me apena, con lo cual he decidido compartir con vosotros mi visión sobre este asunto.

Obviamente será enfocada desde mi humilde posición de personita de a pie, y de ninguna manera pretendo ejercer de pseudoanalista política o de altavoz del fundamentalismo ético-social, puesto que allá cada uno con sus decisiones y su conciencia. Lo que me faltaba a mí adoptar una postura de talibán y apuntar con un lanzallamas a todo aquel que se abstenga de votar. Así que me basaré en el poco sentido común que me queda y en el hecho de saberme afortunada por poder ejercer el voto libre.

Para empezar, una de las cuestiones que más me sorprenden es que ante la circunstancia de tener que repetir votaciones, mucha gente confiesa su desgana de volver a depositar la papeleta en la urna. Así, tal cual. Lo que más pereza les da no es la campaña electoral con las pancartas pegadas por las calles, o las horas y horas en los medios de comunicación; ni siquiera lo es escuchar a toda esa panda de mequetrefes con discursos cero seductores. No, no. Resulta que lo que más rabia les da a muchos es tener que ir un domingo a votar, justo el día que tienen para quedarse en pijama viendo Netflix o para llevar a los niños al burger. ¿No es mala pata?

Yo no sé si vivo en un mundo de fantasía y multicolor porque, en realidad, no me supone tanto esfuerzo. De paso que bajo a por el pan, me paso a votar. En los casos más complicados como lo son encontrarse en el extranjero y tener que votar por correo, cierto es que conlleva lo suyo en cuanto a burocracia y horas perdidas en ventanillas. Sin embargo, aunque estés estudiando en Suecia sigues teniendo algo que expresar y este mensaje es solo tuyo e intransferible.

En cuanto a mí, en tanto que no muy ducha en el tema, desconozco si hay pocas o muchas posibilidades de que haya unas terceras votaciones. En caso de que así sea, volveré a votar aunque me sienta burlada por la clase política, ya que bien es cierto que tres veces son demasiadas como para no sentirse pisoteada, pero seguirán siendo muchísimas menos que las trifulcas y episodios vividos por los que me precedieron exigiendo el derecho que poseo hoy en día. Ya solo por eso, siento que mi deber es seguir votando.

No sé, puede que suene a lugar común, pero a veces pecamos de desmemoriados y actuamos como si las cosas nos hubiesen sido dadas, y no. Las cosas nunca son porque sí, y mucho menos si vienen desde las altas esferas mandatarias. El caso es que, actualmente, me da la sensación de que la gente solo sale a la calle cuando le tocan el bolsillo de manera personal. Si le tocan el bolsillo de forma general, a modo de recortes presupuestarios ante los que salen perjudicados igualmente, parece como que ven hacia otro lado y a ver si las cosas se arreglan solas.

Por el contrario, si ciertos desfalcos bancarios o timos de la estampita de variado y desvergonzado surtido hacen mella en tu cuenta de ahorro, sales con pancartas y megáfonos para exigir que te devuelvan lo robado. Y te pasas tres años, con sus días y sus noches, bajo la lluvia o la solana con tus cánticos de protesta, porque era dinero ganado con el sudor de tu frente y no permitirás que te lo roben. Ojalá contemplásemos esa garra para aquello que es de uno, pero también de todos. Y es que tu individualidad es una pequeña a la vez que inmensa voz para el bien común. Lástima que eso que es de todos no se ve ni se toca, o también puede ser que haya personas que miren para otro lado.

En el fondo no los culpo. Son malos tiempos para confiar en la clase política. Sus actos y palabras lo confirman, lo sé. Aun así acudir el domingo a las urnas es la única herramienta de la que disponemos. Esa, o en caso de no confiar en nadie, monta una revolución tú solo. No sería una mala idea la de sustituir tu no-voto por ser el líder de un cambio. Haz lo que sea, pero hazlo. Recuerda que puedes elegir la opción que más te convenza, por ese motivo eres un privilegiado. Mis abuelos durante muuuchos años no pudieron hacer ni una cosa ni la otra, y sin rechistar irían a votar por segunda vez.

En cualquier caso, no seamos únicamente comprometidos o comprometidas “a golpe de clic”. Ninguna frase de protesta con un trillón de likes equivale al verdadero ejercicio democrático del que pienso disfrutar mientras me dejen.

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