Persiguiendo a tíos en Zara

Persiguiendo a tíos en Zara

Zara acosoPor el bien de mi descanso mental, una se ha dejado vencer por la neurosis generalizada en cuanto a lo que se considera un gracieta o no, y por tal motivo he cambiado el título, el cual en su versión original era “Acosando a tíos en Zara”; acción que refleja de manera más fidedigna  lo que me dediqué a hacer durante un buen rato en una tarde de compras.

Por lo tanto, lo he transformado en “Perseguir a tíos en Zara”, rótulo que me hace parecer una ciudadana de bien.

De todos modos, aunque lo hubiese titulado “Acosando a una percha en Zara”, quien se quiera sentir molesto lo va a hacer.

Y para que conste, “acosar” no tiene por qué implicar connotación sexual alguna. Se puede acosar a alguien con preguntas o con quejas. Hasta aquí mi apunte lexicográfico.

He dicho.

Vamos allá con mi anécdota de pre-histeria navideña.

Situémonos: yo, menda, en un Zara intentando apañar un detallito mono para el Costi. Ah…la Navidad: todo paz, mesura, relax y trescientas mil personas que atestaban una de las tiendas de ese señor coruñés multimillonario gracias a la mano de obra esclava en países subdesarrollados.

Pues sí, yo estaba allí. ¡Bravo! Qué consonancia con mis valores.

Total, que iba a tiro fijo, rezando a todos los cielos por no caer en uno de mis bucles de dudas cruciales en la vida de cualquier persona: “¿¿¿¿Qué hago, por dios, qué hago????? ¡Este anorak verde militar tiene cremallera negra y este otro anorak verde militar tiene cremallera gris! ¿Pero por qué hacen las cosas tan diferentes? No lo entiendo. Luego pido la hoja de reclamaciones. ¡Fijo!”

Ante semejante diatriba me decidí por uno de ellos en menos de cinco minutos , tarea que me obliga a realizar mi querido Dr. C, y yo por mi Dr. C. hago lo que sea, incluso decidirme ante dos cremalleras asesinas. Fijaos cuánto lo aprecio.

Ahora me quedaba el asunto más peliaguado: la talla. Estaba entre dos. Me estaba agobiando porque tenía encima el mandato del Dr. C. y, como no quiero que me riña, debía acabar mi misión ya.

Dado que la cuenta atrás transcurría a velocidad del rayo, decidí que la mejor opción para decantarme por un tallaje u otro era buscar un prototipo humano de caracteríticas similares al Costillo. En principio no habría problema, visto que allí dentro habría al menos medio millón de personas (sin exagerar), encontraría fácilmente una muestra para mi pequeño estudio de anatomía masculina.

Consecuentemente, me puse manos a la obra.

Para ello, importante: debes desplegar todo tu poder de visión en cuanto a mirada periférica se refiere. Tu objetivo puede estar en cualquier ángulo y posición.

Por otra parte, aunque no sea propio en mí, opté por el pragmatismo. La pérdida de tiempo creo que es algo de lo que he abusado toda mi vida y hartita que estoy.

Con lo cual allí me planté cerca de la caja, donde aquel medio millón de personas hacían cola, y comencé con mi selección del individuo que mejor se ajustase a los cánones físicos que tenía en mente.

Enseguida localicé un patrón similar. Su altura era el rasgo que me hizo poner el radar en marcha, aunque definitivamente solo se trataba de una falsa alarma, puesto que en cuanto se dio la vuelta las medidas de perímetro abdominal no eran las mismas.

No había que rendirse, encontrar a un hombre alto, delgadete, bracilargo y patilargo no tendría por qué ser una labor tan complicada, ¿no?

Pues me equivocaba.

O se me pasaban de barriga o se me quedaban cortos de altura. ¡Qué agobio! ¿Pero por qué la gente no es un maniquí de moda cuando lo necesito? Afortunadamente, oteo en lontananza a uno que sí. SÍ SI SÍ.

¿Problema? tendría unos 17 años e iba con su madre. No importaba, con mi personalidad embrujadora me acercaría a aquella mujer, con buenos modales, eso sí, con el fin de raptar a su hijo por un instante. ¿Qué madre no se sentiría orgullosa si una cuarentona le pide que le deje prestado a su hijo menor de edad?

Pero en cuanto me aproximaba con técnica de camuflaje para ir tanteando el terreno, me percaté de que aquel muchacho era tonto del culo y más pijo que la familia de Marichalar. Solo le faltaba el pantalón verde manzana y los naúticos para pasearse por el puerto de Mallorca.

Ni de coña le iba yo a dar el gusto de sentirse modelo por un día. Y mucho menos en nombre de mi Costi. ¡Ja!

Menos mal que cuando los planetas se alinean en tu misma dirección te envían un regalo en formato de tío alto, delgado, bracilargo, patilargo, con barba y con estilo. ¡Este tío sí que era digno de mi prueba de modelaje! Añado nota personal: estaba como para ponerle un piso.

Allá voy: “Holaaa [alargamos la vocal]…jijijij…[sonrisita nerviosa] …esto…jejejeje…yo…perdona que te moleste…pero ¿te importaría hacer de Velencoso un segundito?” [hago caída de  pestañas].

Por supuesto, mi radar de tíos fantásticos no suele equivocarse, ya que me topé con un ejemplar de alta gama, simpatiquísimo y encantador. Se despidió de mí TOCÁNDOME EL BRAZO y deseándome suerte con el regalo.

Lástima que dejé el anorak allí y me decidí por otra cosa.

No hay quien me entienda.

4 comentarios

  1. 😂😂😂😂😂 muy bueno mala, me reí un montón 😂😂😂😂

    Me alegraste el “Finde”

    😍😍😍😍😍

    1. Pues entonces misión más que cumplida!
      Me encanta saberlo! 😘😘😘

  2. Buenísimo! Puede que te haya quedado un poco acosador el asunto, sí. Jajajajaja

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *